miércoles, septiembre 17, 2008

Mi televisor y yo


Un sonido me despertó, miré a todos lados y no encontré nada, eran exactamente las tres de la madrugada, y ya comenzaba a dormirme cuando de nuevo volví a escucharlo.


No podía creer lo que veía, me froté los ojos tratando de eliminar el sueño, pero seguí sin poder entender. Era el televisor, que se había encendido solo. Busqué el control remoto y traté de apagarlo desde la cama, pero seguía encendido. Las pilas se han gastado, pensé.


Entonces me levanté, fui hasta él y lo apagué, pero no había dado media vuelta cuando de nuevo estaba encendido. Volví sobre mis pasos y apreté otra vez el botón para desconectarlo. Entonces fue cuando lo descubrí.


El televisor tenía ojos, su boca comenzaba a dibujarse, y apareció en poco tiempo un rostro.

- Buenas noches- me dijo- te desperté.


Nada pude responder, pero la voz me era conocida, volvió de nuevo a repetir lo mismo, pero con otra voz.


- Ya me imagino lo que piensas- me dijo cambiando nuevamente la voz- no te preocupes, puedo imitar todos los personajes.


- ¿ Todos ?, le pregunté y creo que yo también cambie mi tono.


- Bueno de casi todos los que pasan por mis circuitos. Qué te parece esta voz,..., me parezco a Bart, el de los Simpsons. Parece que no te gustó- me dijo.


- ¡Ah !- exclamó y bajó rápidamente la voz- ésta seguro que te agrada.

- Es la de Alf- le dije- el extraterrestre que cambió la vida de la familia donde vive.

- Al fin conoces alguna voz- me dijo.

Le miré directamente a sus ojos y vi que estos me recorrían de arriba a abajo.

- ¿ Qué miras ?-le pregunté.

- Estás muy gordo, creo debes tomar Redicrás- me respondió.

- Lo crees- y de inmediato me pregunté de dónde conocía el nombre. Pareció adivinar mi pensamiento y me respondió:

- Tantas veces que ponen esa publicidad que ya me la se de memoria- me dijo, para añadir de inmediato-. Sabes a veces la cantidad de canales que pasan por mis circuitos es tan grande que ya no recuerdo donde lo vi.

- Sí los conoces todos, y ves todos los programas cuáles son los que más te gustan- le pregunté.

- A decir verdad-me respondió- pocos, casi todos me aburren, pero me encantan aquellos donde salen esas muchachas ligeras de ropa o aquellas muy bonitas. Me gusta Celeste, Alejandra o las dos hermanas de Mujeres de Arenas que están mejores.

- No las conozco- le dije.

- Solo tu ves el fútbol y esas películas de granito- me respondió.

- ¿ De granito ?- le pregunté sorprendido.

- Así te dice ella cuando empiezas a roncar y me quedo encendido.

- ¿ Qué dice ?- le pregunté molesto.

- Mejor me callo pues son confesiones de alcoba- me dijo.

- Realmente no entiendo como es qué hablas- le pregunté.

- Difícil para ti entender éste problema, siempre mi madre me lo decía.

- ¡Tu madre !- exclamé más sorprendido que nunca.

- Claro, acaso no puedo tener madre igual que ustedes.

- No me vayas a decir que también tienes padre- le pregunté.

- Claro, quien tiene madre tiene padre- me respondió alzando su voz, o tu conoces a alguien que no lo tiene, por que esos otros son cuentos de televisión. Ustedes los humanos son gente muy rara, ven cada cosas que a veces me dan ganas de apagarme, pero bueno mis circuitos no me dejan hacerlo.

- ¿ Qué es lo que no te gusta ?- le pregunté nuevamente.

- Para empezar, los noticieros pesados donde solo uno habla, o los espectáculos como el de Cristina, ah, pero ya me encantanlas imágenes de muertos, mientras más mejor.

- ¿ Cómo puedes decir eso?- le pregunté.

- Pensé que a ti te gustaban, te sientas a contemplar cada uno de ello y nada te levanta.

- Es para informarme- le respondí.

De nuevo se quedó callado, sus ojos recorrieron toda la habitación, y se detuvieron en mi compañera a la que cubrí de inmediato con una sábana.

- No te preocupes, la veo así todas las noches- me dijo.

- ¿ Todas las noches ?- le pregunté indignado.

- También por el día- me respondió con insolencia.

- Creo que ya no puedo soportar más- le dije malhumurado, me levanté de la cama, lo desconecté de la toma eléctrica, lo alcé y lo llevé a la sala.

En la mañana cuando me desperté encontré el televisor de nuevo frente a la cama, en el mismo lugar donde estaba la noche anterior. Estaba a punto de preguntarle a mi esposa quién lo había colocado allí pero temí que pensara que me estaba volviendo loco.

Por eso cada noche, antes de acostarme decido taparlo con un pesado cobertor de cama, y he tomado la precaución de desconectarlo de la toma eléctrica, por sí acaso.

Carlos Bravo Reyes.

Publicado en "Los Tiempos". Cochabamba

2 comentarios:

  1. buenas tardes , primeramente manifestar que pronto colocare contenido a mi blog espero halle el contenido de su agrado ,sin nadamas que decir me despido

    ResponderEliminar
  2. Muy buenas, es una historia muy interesante que invita a la reflexión, por lo menos en los minutos que dura la lectura, porque la mayoría de las personas tomamos conciencia -de que no todas nuestras prioridades son las más importantes- sólo cuando alquíen o algo no los recuerda y luego continuamos por el camino que creemos es el apropiado, o lo que es peor, el único. A veces habría que escuchar más al televisor que simplemente oirlo.

    ResponderEliminar